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Archivo de la categoría: 1. Las Relaciones entre Estados Unidos y América Latina después de la Segunda Guerra Mundial

La Inmediata Posguerra y el Informe Cleyton.

Inmediatamente luego de la Segunda Guerra Mundial, el foco de atención de la política exterior norteamericana se encontraba en Europa. La reconstrucción del continente, devastado por la muerte y la destrucción, era la prioridad. Además de eso, era necesario establecer los territorios que quedarían bajo la influencia de cada una de las naciones vencedoras (Francia, Inglaterra, Estados Unidos y Rusia). En esta época ya se comenzaban a delinear los primeros choques de fuerza entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que desde ese entonces, se alzaría como un modelo de desarrollo político y económico alternativo. Surgía una potencia que podría ejercer contrapesos a la hora de reordenar el panorama político internacional. El Comunismo se alzaba como una opción que avanzaba fuerte. De cualquier manera, América Latina todavía no era una de las Prioridades de la política exterior norteamericana.

Sin embargo, a pesar de que la situación de América Latina no era una prioridad para la Casa Blanca, muy pronto se pudieron apreciar intentos por reconstruir una relación política en la cual la influencia de Estados Unidos se dejara sentir en el continente. Uno de los primeros ejemplos de estas intenciones será la “Conferencia de Chapultepec”, celebrada en México durante febrero de 1945, entre las históricas conferencias de Yalta y Posdam. Más que establecer un claro lineamiento político para el continente, su principal objetivo era reposicionar los intereses económicos norteamericanos. El organizador de esta conferencia fue William Clayton (Diseñador del Plan Marshall junto a George Kennan), secretario Asistente de Estado de los Estados Unidos, quien trato de imponer una serie de principios que permitieran a su país acceder a nuevos mercados y productos básicos: En la “Carta Económica de las Américas” (o Informe Cleyton) se sentaban las bases de una política de liberalización comercial tendiente a favorecer a la potencia del norte, mediante los principios de respeto a la propiedad privada, el rechazo a políticas económicas estatales intervencionistas, garantías para las inversiones de capital, soberanía de la empresa privada, etc.

Estas políticas fueron en gran parte resistidas por los gobiernos de América Latina por considerar que eran un obstáculo para un desarrollo económico nacional autónomo, en una época en que se encontraban en el poder líderes populistas o frentes políticos de centro izquierda que poseían programas basados en la industrialización y la diversificación productiva, y que más bien esperaban recibir créditos como los que se estaban concediendo a Europa. A pesar del carácter de esta reunión continental, algunos historiadores atribuyen este interés no a un diseño específico de política imperialista sino más bien a una incipiente respuesta al proyecto expansionista que impulsaba la Unión Soviética.

Links de Interés.

Resumen de los Temas principales tratados en la “Conferencia de Chapultepec”, México, 1945.

http://www.derechoecuador.com/index.php?option=com_content&task=view&id=3123&Itemid=426

 

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Cambio Institucional: La OEA y el Anticomunismo

A pesar de que el nacionalismo económico era uno de los principales problemas para Estados Unidos en sus nuevos planes económicos,  los países del hemisferio sur se vieron, por diversas razones, obligados a aceptar algunos puntos estipulados en el anterior Informe Cleyton, los que fueron ahora reformulados (aunque con pocos cambios sustanciales) y aprobados en la “Carta de La Habana”, del año 1947. Esto obligaba a América Latina a entrar en la lógica de “bloques” que rápidamente se consolidaba en la política internacional, en el marco de la creciente confrontación entre Estados Unidos y la Unión Sovietica. También en 1947 se firmó el TIAR, Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que antecediendo en dos años a la OTAN, también formaba parte de esa nueva lucha contra el comunismo. Estas disputas por las esferas de influencia se comienza a expresar de manera mucho más evidente ya a finales de la década de 1940, y su resultado fue poner a los países del continente, como también a los europeos, en una situación de dependencia política y económica, basada en relaciones desiguales de poder. La expansión norteamericana comienza a tomar así el aspecto de una cruzada anticomunista contra la Unión Soviética, la cual pronto alcanzará ribetes desconocidos y llegará a niveles insospechados.

El discurso anticomunista muy pronto comenzará a expresarse en diferentes ámbitos de la vida social y cultural de los países y tendrá como finalidad el descrédito de cualquier alternativa política que cuestione el ordenamiento propuesto por los Estados Unidos. La máxima expresión de este frenesí anticomunista es la política conocida como “El Macartisimo”, en honor a su principal gestor, el senador Joseph Mcarthy, quien esencadenó un extendido proceso de delaciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas. Esto generó alguna oposición en distintos sectores de la sociedad norteamericana (el movimiento fue apodado la “Caza de Brujas”), pero igualmente adquirió mucha fuerza, expresandose luego en propaganda política, historietas cómicas, y utilizando muchos otros recursos para denostar a las personas que no estaban de acuerdo con las nuevas políticas imperialistas de Estados Unidos. Un papel importante en todo esto lo jugó la CIA y el FBI, organismos de inteligencia que se dedicaron a elaborar informes, de política exterior y de politica interior respectivamente, sobre las acciones que se llevabana a cabo en todos los ámbitos de la vida social, tanto en norteamérica como en América Latina. Conocidos son los detallados informes sobre las situaciones políticas contingentes de cada país elaborados por la CIA.

En todo este proceso hacia un nuevo orden continental, hay un hito particularmente importante. Este es la firma de la Carta de Bogotá, la cual establecía la constitución formal de la Organización de Estados Americanos (OEA), que pronto se transformaría en el organismo central de la organización de la influencia política de los Estados Unidos en América Latina. Junto con el establecimiento de la OEA, se comenzó a pensar nuevas formas de relacionarse con centro y sud-América en el marco de la lucha ideológica que se libraba con la Guerra Fría. En esa misma ocasión, junto con la Carta se firmó la Resolución XXXII, sobre la “Preservación y Defensa de la Democracia en América”, con la cual se hacía todavía más evidente la persecución del comunismo que se efectuaba en el continente. La democracia norteamericana se elevaba como paradigma político ante un enemigo común, el comunismo internacional que paulatinamente expandía la Unión Soviética por el mundo.

Rápidamente comienza a articularse una propuesta política desde Estados Unidos, que busca ahora consolidar su influencia en la región como respuesta a la rápida expansión de la URSS. Varios países de América Latina aceptan esta imposición hegemónica, a regañadientes porque esto significaba también la consolidación de América Latina como un actor alineado (y dependiente) con el desarrollo de Estados Unidos, pero con la esperanza de recibir a cambio una anhelada ayuda económica como la que recibía Europa a través del Plan Marshall. Estas ideas ya se oían en algunas conferencias políticas. No estaba tan lejos de suceder.

Links de interés

  • Pacto de Bogotá: “Tratado interamericano de soluciones pacíficas”

http://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/a-42.html

 

 

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Nelson Rockefeller y El convenio de Bogotá: Una nueva economía, una nueva política.

Nelson Rockeffeler, destacado político y empresario norteamericano proveniente de una familia multimillonaria con muy buenos contactos políticos, jugó un papel importante en la articulación de una nueva alternativa económica para América Latina. Los grupos empresariales siempre jugaron un papel determinante en la política exterior norteamericana. Ejemplo de aquello lo encontramos en el establecimiento de la Diplomacia del Dólar durante los primeros años del siglo XX. Ya en 1939, el grupo Rockefeller, a través de Nelson Rockefeller, elaboró un Memorandum llamado “La política económica de todo el Hemisferio”, que establecía una serie de recomendaciones:

1)     Ampliar la importación de productos agrícolas de América Latina.

2)     Estimular las inversiones privadas y estatales en la región

3)     Desarrollar un programa amplio para fortalecer los vínculos culturales, científicos y educacionales entre Estados Unidos y América Latina.

Esto reforzó la idea de la contribución con asistencia técnica para el subcontinente basada en la consolidación de contextos propicios en los cuales los capitales norteamericanos pudieran desarrollarse con mayor eficacia. Nelson Rockefeller, quien fue director de la Oficina de Coordinación de Asuntos Interamericanos, desde su fundación en 1940 por el presidente Roosevelt hasta 1944, pudo influir desde ahí para llevar a cabo el programa elaborado por sus socios capitalistas.

Los programas de ayuda técnica y científica promovidos por Rockefeller tuvieron eco en países como Bolivia, donde se explotó el estaño, en Chile, donde se explotó el cobre y en países aun más pobres como Nicaragua, donde se construyó una carretera en la costa atlántica. Toda esta ayuda fue canalizada a través del “Comité Interdepartamental para la Cooperación Científica y Cultural” y del “Instituto para Asuntos Interamericanos”, este último, antecedente directo de la (AID, Agencia Internacional para el Desarrollo).

Estas ayudas sin embargo, se mostraron insuficientes, lo cual fue expresado en la Conferencia de Bogotá en 1948 (mencionada anteriormente). En esa ocasión, junto con la institucionalización de la organización política (OEA), se aprobó el Convenio Económico de Bogotá y se creó el Consejo Interamericano Económico y Social (CIES). En la firma de ese convenio también tuvo especial injerencia el grupo Rockefeller y en el se contenían elementos que pueden ser considerados como los fundamentos de la que posteriormente sería la Alianza para el Progreso: Tratamiento equitativo de la inversión privada, colaboración interamericana para el desarrollo industrial y económico, adopción de medidas efectivas de cooperación para la solución de problemas sociales continentales, adopción de medidas para mantener el sistema regional coordinado con los otros organismos similares, etc.

 

Harry Truman: El punto Cuarto.


Entre 1948 y 1949, los países latinoamericanos obtuvieron, por primera vez, lo que estaban buscando. Luego de la firma del convenio económico de Bogotá, el presidente Harry Truman realizó un discurso inaugural en el congreso y aprovechó para exponer los nuevos lineamientos de la política exterior norteamericana. El “Punto Cuarto” de su discurso es especialmente conocido por formalizar, desde el gobierno mismo de Estados Unidos, un compromiso con el desarrollo de América Latina. (Punto Cuatro: Ayuda técnica a los países del mundo que la necesiten para el sostenimiento de la paz y las instituciones democráticas). Su plan se basaba en fortalecer y consolidar la ayuda técnica hacia el sur del hemisferio, pero siempre reafirmando las nociones de que el desarrollo económico se alcanzaría con una mayor participación de América Latina en el comercio internacional, a la vez que se permitía la entrada de capitales extranjeros para fortalecer la economía de los países más pobres.

La idea era fortalecer los mercados de materias primas, ampliarlos y asegurarlos para mantener la influencia política en el hemisferio. Recordemos siempre que todo esto se daba en el marco de la lucha contra el comunismo en de la Unión Soviética, hecho que tuvo gran importancia sobre todo a la hora de comenzar a articular una propuesta económica que intentara combatir los efectos de la pobreza, en la medida en que esta era un foco de politización que conducía a los países más pobres a adherir al bloque soviético. Nuevamente vemos cómo comienzan a fundarse las bases programáticas de una nueva forma de relación continental.

Links de interés

Julián G. Verplaetse, El punto cuarto del Presidente truman

 
 
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